La demencia es un conjunto de trastornos que afectan de forma progresiva a la memoria, el pensamiento, el comportamiento y la capacidad para realizar actividades cotidianas. No es una enfermedad única, sino un síndrome que puede tener diferentes causas. Entre los tipos más frecuentes se encuentran la demencia tipo Alzheimer, la demencia vascular, la demencia con cuerpos de Lewy y la demencia frontotemporal, cada una con características específicas, aunque comparten el deterioro cognitivo como elemento central.
Aunque en muchos casos no existe una cura definitiva, sí hay intervenciones que ayudan a mejorar la calidad de vida de las personas afectadas y de sus familias. Los tratamientos no farmacológicos son fundamentales e incluyen la estimulación cognitiva, la terapia ocupacional, la actividad física adaptada, la musicoterapia, las terapias de expresión corporal y la creación de entornos estructurados y seguros. Estas estrategias buscan mantener las capacidades preservadas el mayor tiempo posible, favorecer la autonomía y reducir el impacto emocional y conductual de la enfermedad.
Desde nuestra asociación trabajamos para acompañar, orientar y apoyar tanto a las personas con demencia como a sus cuidadores/as, ofreciendo recursos, información y un espacio de comprensión con nuestros grupos terapéuticos.
Guiado por una psicoterapeuta en formato online o presencial.
Grupo terapéutico online, los miércoles de 10:30 a 12 horas, cada 2 semanas.
Cuidar a un familiar con demencia es una tarea emocionalmente exigente. Hay varias pautas clave que ayudan a hacerlo de forma más efectiva y, al mismo tiempo, proteger la salud del cuidador/a:
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Aceptar la enfermedad y sus cambios
Comprender que la demencia implica un deterioro progresivo ayuda a ajustar expectativas. Evita frustraciones innecesarias y favorece una actitud más compasiva. -
No tomarse los comportamientos como algo personal
Cambios de humor, agresividad o confusión son síntomas de la enfermedad, no ataques intencionados. -
Mantener rutinas estructuradas
Las rutinas dan seguridad al paciente, reducen la ansiedad y facilitan la convivencia diaria. -
Comunicación clara y sencilla
Hablar despacio, usar frases cortas y mantener contacto visual mejora la comprensión y evita conflictos. -
Validar emociones, no corregir constantemente
En lugar de discutir si algo es “real” o no, es mejor validar cómo se siente la persona (ej: “entiendo que estés preocupado”). -
Fomentar la autonomía en lo posible
Permitir que el familiar haga por sí mismo lo que aún puede hacer refuerza su autoestima y retrasa el deterioro funcional. -
Establecer límites saludables
El cuidador/a no puede hacerlo todo. Aprender a decir “no” y reconocer los propios límites es esencial. -
Buscar apoyo social y profesional
Grupos de apoyo, terapia psicológica o ayuda de otros familiares reducen la sensación de aislamiento y carga. -
Reservar tiempo para el autocuidado
Descansar, tener ocio y cuidar la propia salud física y emocional no es egoísmo, es necesario para sostener el cuidado a largo plazo. -
Reconocer señales de sobrecarga
Irritabilidad, fatiga constante, ansiedad o tristeza persistente pueden indicar “síndrome del cuidador/a quemado”. Detectarlo a tiempo permite intervenir.
Guía de la dependencia de la Comunidad de Madrid
Guía para solicitar la valoración de discapacidad
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